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Así lo he descubierto en los ojos de mucha gente con la que cruzo mis pasos cada día, desenterrando miedos ancestrales al cambio y a la pérdida de la rutina. Y es un mundo pequeñísimo, aterrador...
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Pasean el chándal y la bolsa con el pan con infinita tristeza.. o arrastran una barriga cervecera en el convencimiento atroz de que la Vida es así y no hay nada más que hacer...
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Me niego a la desesperanza surgida del espantoso discurso del vago espiritual que, además, suele conllevar ausencia moral.
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Reflexionad. No os entreguéis al resto de vuestra vida sin más ni más. No es inevitable.
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